Hola queridos discípulos, bienvenidos de nuevo a mi humilde morada. Debo confesar que este verano me he aburrido de forma soberana. Así que he buscado un trabajo afín a mis cualidades, es decir, un barbudo peludo con sobrepeso y siempre con hambre… pues sí… lo que imaginabais todos… soy canguro; lo bueno de mi apariencia es que cuando los niños empiezan a fastidiarme agarro dos cucuruchos, me los pongo en la cabeza, enseño los dientes y les digo que soy Bestia de la película de Disney… me encanta esa cara con los ojos vidriosos y el olor a Dodotis recién llenado.
La verdad es que ser canguro es más tranquilo de cómo te lo pintan en las películas americanas. Sin niños rubiascos repelentes que te llenen la casa de chocolate o sustancias similares, quemen la casa o te hagan putadas por todo el hogar mientras que un perro de grandes proporciones (que no debe faltar en ninguna vivienda de Estados Unidos, de hecho, creo que lo regalan con la casa) se pone en mitad de tu camino para que tropieces con él.
Pues eso que llego la primera tarde de trabajo. Abre la puerta aquello que supuse que era la madre de la criatura en cuestión y me pregunta que si yo soy el que va a intentar cuidar de hija esa noche, a lo que yo afirmo con rotundidad. Bueno, más bien el primero que me dio la bienvenida fue un Yorshire de un pisotón y medio de altura que me mordisqueaba con avidez los tobillos… el animal rápidamente entendió, por accidente, que después de un golpe en la cabeza con el techo… viene un golpe peor. Bendita ley de la gravedad.
Los padres se fueron, no sin antes haber llamado a la policía y cerciorarse de que no soy ningún delincuente fugado. Yo pensé que ser canguro era sentarse en un sofá mientras ves una película y lo único que tienes que hacer es vigilar que el niño no se cuelgue de las lámparas, no meta dedos en enchufes, no se coma las cajetillas anti-cucarachas y poco más. Así que me senté en el sillón tan ricamente. Pero una manilla se posó sobre mi rodilla, vi unos ojillos abiertos al máximo que me balbuceaban “No puedo dormir, ¿me cuentas un cuento?”. ¿Ante dicha mirada nadie podría resistirse? Cogí a la niña, la llevé a su habitación y le pregunté con lágrimas en los ojos “¿Dónde tienes los cuentos?” (si es que soy un tierno). Pero por razones de la vida la infante no conocía la localización exacta de los libros, empecé a buscar por las estanterías y vi en la balda más alta encontré un libro rojo intenso cuyo título era “Blancanalga y los Siete Enanitos”… ummm… creo que el argumento no era propicio para la mente de aquella inocente niña. Tomé la decisión de inventarme la historia, pero sin saber por qué, siempre moría alguien masacrado por una horda de enanitos mineros o infectados de rabia por lobos soplacasas. Vi que la niña se interesaba demasiado por ese baño de sangre, así que busqué una historia que no dañara su ignorancia y empecé a contarle la trilogía de “El Señor de los Anillos”. ¿Por qué lo niños, digas la frase que le digas, siempre cuestionan la causa de dicha oración? Por ejemplo: “¿Y por qué el que lleva el anillo ese es tan importante? Entonces mi madre es también importante” o “¿Y por qué no le dan el anillo a Gollum? Si se le perdió a él, que se lo devuelvan.”; cuando me empezó a preguntar por los árboles que hablaban y daban paseos… decidí sentarla en el sillón y ponerle la reposición de la sesión del Congreso de los Diputados. A la segunda intervención, la niña babeaba en un estado casi rozando el coma.
A la mañana siguiente, volvieron los progenitores de la niña, le devolví al padre el cuento de Blancanalga (por cierto, una gran historia con un destacable argumento que refleja los problemas que atañen a la sociedad en la que vivimos, rodeando siempre de un viaje interior hacia el centro de la personalidad de la protagonista y el cúmulo de personas cercanas que le oprimen… y de que forma) y comencé el camino de vuelta a casa. Pasé por un kiosco y vi una colección de cuentos por entregas, además me llamó la atención que con dichos librillos venían marionetas para amenizar la lectura. Perfecto, me llevé el primer fascículo para solucionar los problemas de la noche pasada.
Allí estaba yo, delante de la niña, con el fascículo encima de la mesa, cojo unas tijeras y abro el paquete… muy bien… un cuento, hasta ahí todo bien, tan sólo que no me fijé en el número de marionetas que venían con cada libro… sólo venían tres marionetas por cuento.
En el primer cuento, la situación fue fácil de solucionar… era la Bella Durmiente. Me venían en el paquete la princesa, el príncipe y la bruja. Perfecto, una marioneta tirada en la mesa todo el cuento y el príncipe luchando contra el dragón, cuyo papel fue encarnado por el Yorshire parapléjico (producto de la casualidad y la gravedad)… al final, besito, princesa despierta y ala… a la cama.
Sin embargo, más tarde me di cuenta de que el problema de que por cada cuento sólo hubieran tres marionetas me iba a traer de cabeza. Por ejemplo, los tres cerditos estuvieron construyendo sus hogares unas dos semanas hasta que me llegó Caperucita Roja y por fin tuve a un lobo.
El caso más claro de este problema de número de marionetas, fue la situación a la que me llevó el intentar explicar Peter Pan: me venían en el paquete Peter Pan, el Capitán Garfio y un niño perdido. Muy bien, ¿y el resto de personajes? Campanilla era la abuela de Caperucita con dos alas de papel de aluminio; la sombra de Peter, el príncipe de la Cenicienta pintado con acuarela negra; el cocodrilo era el lobo de Caperucita pintado de verde; Wendy era la Bella Durmiente y el resto de niños perdidos, fui rellenando con Pulgarcito, Caperucita, Hansel y Gretel… para caracterizarlos, agarré al Yorshire parapléjico (repito, por casualidad), le corte unos cuantos mechones y se los pegué a las marionetas con cinta adhesiva.
La verdad es que con Peter Pan, a medida que iba narrando la historia, iba razonando que no es un argumento extrapolable a la realidad. Seamos sinceros y pongámonos en la escena, imaginad: una noche entro por la ventana a la habitación de mi novia, de pronto, suenan unos pasos en el pasillo, no queda tiempo de reacción, mi única posibilidad de esconderme debajo de la cama, se abre la puerta, me pillan mis suegros ¿y yo respondo que se me ha perdido mi sombra?. Por Dios, ¿a quién no le ha pasado eso alguna vez en su vida sin hacer uso de cualquier tipo de estupefaciente? Por si acaso, no voy a ser el primero que lo intente.
Si nos paramos a pensar en los cuentos no hay ninguno que tenga un mensaje apto para mentes infantiles. En Hansel y Gretel, los padres llevan a los niños a ver si se pierden al bosque; la madre de Caperucita manda directamente a la niña al bosque y en Peter Pan, directamente, dejaron a todos lo niños que se las averiguaran en mitad una isla infectada de piratas… a eso lo llamo valores y lo demás son sandeces. Pero la cosa no queda ahí. El mensaje de la Bella Durmiente es que para besar a una chica, antes debes dejarla inconsciente, al igual que en Blancanieves. Y el Gato con Botas… es un canto a la revolución del obrero contra el sistema: un hortelano, que convence a un gato para que le robe el castillo, la carroza, los terrenos… al príncipe; es como si llega un día a tu ciudad el Presidente del Gobierno, le tiras un gato rabioso dentro del coche, el personaje sale corriendo con el felino aferrado a su rostro y tu aprovechas para quitarle las llaves del coche y de la Moncloa. Fácil, sencillo y para toda la familia.
Se puede decir que el sistema de leerle cuentos a la niña no surtió mucho efecto. Al final, siempre acabábamos durmiendo escuchando el Congreso de los Diputados. Pero bueno, algo que se aprende.
Y como al final de todo cuento, moraleja: quered a los niños, no hagáis caso a los cuentos.
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domingo, 28 de septiembre de 2008
San Paco... ¿canguro?
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lunes, 5 de noviembre de 2007
MOMENTOS DIFICILES
Hola, queridos hermanos, hoy voy a hablaros de situaciones peliagudas por las que todos hemos pasado en algún tramo de nuestra vida: momentos difíciles.
Desde nuestro nacimiento, tenemos una importante probabilidad de empezar la vida con un momento embarazoso y el hecho más representativo es la elección de nombre por parte de nuestros padres. Aunque parezca una tontería, en verdad, es una acto que puede propiciar una vida triunfante de la futura persona o un espacio en la página de sucesos en cualquier periódico que informa de un parricidio.
Durante nuestra infancia también tenemos que asistir a actos que producen un ferviente deseo de ser absorvidos por la Madre Tierra; en preescolar... ¿un puro reflejo de la inocencia?... todo lo contrario: orina en los pantalones, besuqueos de desconocidos... pero sin duda, el juego que más momentos de este tipo ha causado es el mítico "conejo de la suerte"; es un juego donde un grupo de niños y niñas se reunen en corro, cantan una canción sin sentido dándose palamadas entre ellos y cuando finaliza la sintonía pues el elegido por la última palmada tiene que lanzarse a dar un beso a "la chica de sus sueños"... el momento embarazoso viene dado cuando es tu turno, tu momento de gloria, el tiempo se para, los planetas se alinean... pero las niñas que más o menos tenían un sentido de la belleza en tu clase (sentido de belleza en preescolar: no comer ceras Plastidecor y limpiarse los mocos de vez en cuando) salían corriendo y te dejaban como última opción a la más fea del corro... en esos segundos, te miraban tus compañeros con cara de "no le echa huevos ni de coña", menos mal que en esos momentos estaba la frase clave "asi no vale" y salias tan airoso. Depués este juego se transforma en lo que coloquialmente llamamos "la botella".
Una noche de Navidad, apareces en el salón sin previo aviso y descubres a tus padres forrando regalos; tu madre te descubre, se pone de rodillas para hablarte cara a cara y te dice "los reyes no existen hijo mío". En ese momento sientes cierto goce, ya que había cosas que no te explicabas:
1- ¿Cómo pueden tres viejos repartir regalos a todo el mundo en una noche, a camello?
2- ¿Por qué mi madre les dejaba polvorones en la mesa del salón a los Reyes Magos? Joder, que vienen desde el quinto coño a camello, dejale un bocadillo de chorizo y un Aquarius.
3- ¿Cómo es que mis padres no dejaban entrar a mi vecino con su yorshire en casa... y sin embargo, si dejaban pasar a tres desconocidos cada uno con un camello?
Tus hormonas empiezan la fiesta cierto dia de nuestra niñez y empiezas a ver con otros ojos a las niñas de tu clase. Ves en las películas algo denominado como "pedir de salir" (siempre me he preguntado la expresión "pedir de salir"... ¿"salir"?¿ a dónde? ni que fueras un perro que quiere necesidades biológicas). Un día te peinas, te echas medio bote de colonia, no hay quien se acerque a ti de la peste que segregas, te cercioras de que tu ropa este impecable, te vas al servicio, te lavas la cara para eliminar la suciedad acumulada durante años, descubres que no eras afroamericano y alli que vas totalmente dispuesto a entablar una relación para toda la vida con tu amor platónico. Con el paso del tiempo vas conociendo que si ya es peliagudo el momento de la "pregunta" más humillante es el momento de la "respuesta", para este momento las mujeres tienen tres opciones: si (es decir, has triunfado en un principio), no (puede evolucionar por el "sólo amigos") y "necesito tiempo". Esta última puede tener varias interpretaciones:
1- La chica sea lenta a la hora de procesar (raramente se da este caso). En esta expresión se puede tener una ínfima probabilidad de triunfar.
2- A lo mejor si se elimina la especie humana de la faz terrestre, se extinguen el resto de animales, se quedan sin consoladores los sexshop, le amputan los dedos, y le es imposible suicidarse... en ese momento, a lo mejor, te tendría en cuenta.
3- Modificable por "si no encuentro nada mejor, me voy contigo".
4- Que sepa que conoces el significado de "no" y "sólo amigos" y quiera ser original.
Es que a la hora de interpretar significados pueden dar muchas situaciones de "me cambio de país y me hago la cirugía estética". Y, la verdad, el léxico, en mi caso, hubo una época en que me traía de cabeza, había palabras que escuchabas, pero nunca habías planteado que ese vocablo tuviera significado. Un día te llega el empollón de tu clase y con una sonrisa macabra te suelta "¿eres homosexual?", "homosexual" ... ¿qué coño era eso?... empiezas a buscar información entre tus tres neuronas, pero intentas salir del paso con tus conocimientos sobre la vida diciendo: "no, soy el Power Ranger azul". El empollón se estuvo riendo dos semanas de que no supiera el significado del término que me cuestionó, pero gracias a mi visión televisiva de la realidad se despejaron las dudas sobre la acera en la que camino. Menos mal que no dije que era el Power Ranger rojo.
Otro gran momento en el que te preguntas "¿por qué no hice astrofísica y estoy ahora mismo en una base en la superficie lunar estudiando la reacción de los insectos al vacío?" es cuando, una noche, estas con tu novia, abrazados en el sofá, viendo una película y empieza a preguntarte "cariño, ¿te acuerdas de la noche en que nos conocimos?" y tu respondes positivamente por decir algo y no perder el hilo del film; te vuelve a decir (he aquí el momento de "sálvese quien pueda") "cariño, ¿te acuerdas de nuestra canción?"... un momento... ¿teníamos canción?. NOTA: nunca intenteís salir del paso intentando tararear cierta melodía de alguna canción conocida, acogeros a las técnicas de "no he escuchado nada y yo sigo a lo mío" o "si me mira, cierro los ojos y ronco".
Sigues creciendo, aparece el ordenador en tu casa... y allí te encuentras delante de la pantalla, con los brazos cruzados y ante la mayor decisión que puede tener un hombre respecto a un ordenador nuevo: "¿Qué fondo de escritorio pongo?".
A lo largo de la vida siguen dandose casos de malos momentos como la presentación a los padres de ella, las novatadas de la universidad, que te quedes sin gomina un sábado, pruebes echandote pasta de dientes y salga una mierda...
En conclusión, es mejor tomarse las cosas con filosfía y mirar la situación desde otro punto de vista. Y ante el problema recordad: siempre, pero siempre... el Power Ranger azul.
Desde nuestro nacimiento, tenemos una importante probabilidad de empezar la vida con un momento embarazoso y el hecho más representativo es la elección de nombre por parte de nuestros padres. Aunque parezca una tontería, en verdad, es una acto que puede propiciar una vida triunfante de la futura persona o un espacio en la página de sucesos en cualquier periódico que informa de un parricidio.
Durante nuestra infancia también tenemos que asistir a actos que producen un ferviente deseo de ser absorvidos por la Madre Tierra; en preescolar... ¿un puro reflejo de la inocencia?... todo lo contrario: orina en los pantalones, besuqueos de desconocidos... pero sin duda, el juego que más momentos de este tipo ha causado es el mítico "conejo de la suerte"; es un juego donde un grupo de niños y niñas se reunen en corro, cantan una canción sin sentido dándose palamadas entre ellos y cuando finaliza la sintonía pues el elegido por la última palmada tiene que lanzarse a dar un beso a "la chica de sus sueños"... el momento embarazoso viene dado cuando es tu turno, tu momento de gloria, el tiempo se para, los planetas se alinean... pero las niñas que más o menos tenían un sentido de la belleza en tu clase (sentido de belleza en preescolar: no comer ceras Plastidecor y limpiarse los mocos de vez en cuando) salían corriendo y te dejaban como última opción a la más fea del corro... en esos segundos, te miraban tus compañeros con cara de "no le echa huevos ni de coña", menos mal que en esos momentos estaba la frase clave "asi no vale" y salias tan airoso. Depués este juego se transforma en lo que coloquialmente llamamos "la botella".
Una noche de Navidad, apareces en el salón sin previo aviso y descubres a tus padres forrando regalos; tu madre te descubre, se pone de rodillas para hablarte cara a cara y te dice "los reyes no existen hijo mío". En ese momento sientes cierto goce, ya que había cosas que no te explicabas:
1- ¿Cómo pueden tres viejos repartir regalos a todo el mundo en una noche, a camello?
2- ¿Por qué mi madre les dejaba polvorones en la mesa del salón a los Reyes Magos? Joder, que vienen desde el quinto coño a camello, dejale un bocadillo de chorizo y un Aquarius.
3- ¿Cómo es que mis padres no dejaban entrar a mi vecino con su yorshire en casa... y sin embargo, si dejaban pasar a tres desconocidos cada uno con un camello?
Tus hormonas empiezan la fiesta cierto dia de nuestra niñez y empiezas a ver con otros ojos a las niñas de tu clase. Ves en las películas algo denominado como "pedir de salir" (siempre me he preguntado la expresión "pedir de salir"... ¿"salir"?¿ a dónde? ni que fueras un perro que quiere necesidades biológicas). Un día te peinas, te echas medio bote de colonia, no hay quien se acerque a ti de la peste que segregas, te cercioras de que tu ropa este impecable, te vas al servicio, te lavas la cara para eliminar la suciedad acumulada durante años, descubres que no eras afroamericano y alli que vas totalmente dispuesto a entablar una relación para toda la vida con tu amor platónico. Con el paso del tiempo vas conociendo que si ya es peliagudo el momento de la "pregunta" más humillante es el momento de la "respuesta", para este momento las mujeres tienen tres opciones: si (es decir, has triunfado en un principio), no (puede evolucionar por el "sólo amigos") y "necesito tiempo". Esta última puede tener varias interpretaciones:
1- La chica sea lenta a la hora de procesar (raramente se da este caso). En esta expresión se puede tener una ínfima probabilidad de triunfar.
2- A lo mejor si se elimina la especie humana de la faz terrestre, se extinguen el resto de animales, se quedan sin consoladores los sexshop, le amputan los dedos, y le es imposible suicidarse... en ese momento, a lo mejor, te tendría en cuenta.
3- Modificable por "si no encuentro nada mejor, me voy contigo".
4- Que sepa que conoces el significado de "no" y "sólo amigos" y quiera ser original.
Es que a la hora de interpretar significados pueden dar muchas situaciones de "me cambio de país y me hago la cirugía estética". Y, la verdad, el léxico, en mi caso, hubo una época en que me traía de cabeza, había palabras que escuchabas, pero nunca habías planteado que ese vocablo tuviera significado. Un día te llega el empollón de tu clase y con una sonrisa macabra te suelta "¿eres homosexual?", "homosexual" ... ¿qué coño era eso?... empiezas a buscar información entre tus tres neuronas, pero intentas salir del paso con tus conocimientos sobre la vida diciendo: "no, soy el Power Ranger azul". El empollón se estuvo riendo dos semanas de que no supiera el significado del término que me cuestionó, pero gracias a mi visión televisiva de la realidad se despejaron las dudas sobre la acera en la que camino. Menos mal que no dije que era el Power Ranger rojo.
Otro gran momento en el que te preguntas "¿por qué no hice astrofísica y estoy ahora mismo en una base en la superficie lunar estudiando la reacción de los insectos al vacío?" es cuando, una noche, estas con tu novia, abrazados en el sofá, viendo una película y empieza a preguntarte "cariño, ¿te acuerdas de la noche en que nos conocimos?" y tu respondes positivamente por decir algo y no perder el hilo del film; te vuelve a decir (he aquí el momento de "sálvese quien pueda") "cariño, ¿te acuerdas de nuestra canción?"... un momento... ¿teníamos canción?. NOTA: nunca intenteís salir del paso intentando tararear cierta melodía de alguna canción conocida, acogeros a las técnicas de "no he escuchado nada y yo sigo a lo mío" o "si me mira, cierro los ojos y ronco".
Sigues creciendo, aparece el ordenador en tu casa... y allí te encuentras delante de la pantalla, con los brazos cruzados y ante la mayor decisión que puede tener un hombre respecto a un ordenador nuevo: "¿Qué fondo de escritorio pongo?".
A lo largo de la vida siguen dandose casos de malos momentos como la presentación a los padres de ella, las novatadas de la universidad, que te quedes sin gomina un sábado, pruebes echandote pasta de dientes y salga una mierda...
En conclusión, es mejor tomarse las cosas con filosfía y mirar la situación desde otro punto de vista. Y ante el problema recordad: siempre, pero siempre... el Power Ranger azul.
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